sábado, 14 de febrero de 2009

La la larva

El miedo tiene textura de crisálida. Podría apostar que algo está a punto de nacer, de que la explosión ya inició la marcha atrás hace millones de años y que, de un momento a otro, los márgenes de la impotencia ya no dejarán hueco para subsistir.

El gemido, es un límite, un capullo desperezándose, el nacimiento de un nuevo ser: más pequeño, cuya grandeza está en concebirse como lo verdaderamente humano.

Hace dos días pude ver de nuevo al hermano de Leólo. Lleno de músculos, se plegaba ante las circunstancias como un trozo de papel. Ni su lengua, ni bíceps, ni esternocleidomastoideos, ni glúteos, dejaron de llorar sobre la impotencia de su alma.

1 comentario:

Ge-Ergum dijo...

Viejos recuerdos de tiempos pasados, diferentes palabras, pero siempre idénticos momentos...

¿Acaso el que escribe lo hace porque se tortura, o se tortura porque escribe?

Un día rompo a martillazos la indiferencia del rostro y los oidos para volver a escuchar con claridad, esos pájaros y simplezas que hacen "bella" la vida.