sábado, 15 de enero de 2011

De cómo edificar un hueco II

Limpiar el hueco.

Limpiar el hueco. Dejarlo impoluto de otras huellas. Dejarlo virgen.

Como con miedo espero la llegada del sable del día treinta. El primer sable de muchos que se irán clavando en mi costado. Uno a uno. Mes a mes.

Mientras me dejo clavar dos. El antigüo y el nuevo.

La sensación de abandonar el viejo hueco es placentera, lo vamos haciendo en fascículos. Así el placer es menor pero más prolongado. El viejo hueco ya es un nido infecto de ruidos, oscuridad, humedad y cuatro paredes que se van acercando mutuamente.

El viejo hueco es una buhardilla llena de objetos antigüos y apiñados. Con un ligero barniz de polvo.

El nuevo hueco es un campo de flores de colores y luz radiante. Con un ligero barniz de polvo.

Por eso hay que limpiar el hueco. Limpiarlo.

Beber zumo de puño y limpiarlo con paciencia.

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