Me gusta mi trabajo. En el fondo.
Me gusta trabajar con personas, conocer puntos de vista, inculcar valores, discutir, aprender, estar al lado de alguien a quien pretenden humillar y dañar. Comportarme como un niño un momento, transformarme en un monstruo de gritos otro.
En mi trabajo he descubierto cómo soy realmente. Lo que hay tras la máscara. Lo bueno y lo malo. Y ambos lados me gustan.
Soy de los que se toman la empatía como droga diaria. Decepcionado a cada momento, puedo ver un brillo de vez en cuando que me devuelve la esperanza. Y ya todo merece la pena. ¿Soñador? Claro. ¿Soñador? Siempre.
La vida es estar chocándose día a día contra paredes de carne y hueso, y soñar con lo que hay fuera.
Me gusta estar dentro de asterisco sufrimiento asterisco.
domingo, 4 de septiembre de 2011
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1 comentario:
Si no fuese por ese brillo ya no estaría aquí. La empatía es una droga que por fortuna a veces puedo tomar, nunca sale gratis.
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