sábado, 26 de julio de 2014

Maliciosa

Recuerdo haber pensado en no volver a pasar por ello. Me recuerdo hace tres años con el sudor dentro de los ojos diciendo: "nunca más", "no", "¿Qué hago aquí?". Pero durante estos años la montaña me ha estado mirando desde sus almenas. Con ese ojo limpio de mil pupilas. Este vértigo que inunda mis sentidos mirando a la montaña desde abajo Me corrompe. Me retuerce. Me Mi Me Pero no soy nada sin la acción. Mi cuerpo no es nada sin el movimiento. Tan solo un cadáver con un corazón latente metido en un nicho. Es por eso que respondo a la mirada y lentamente mis piernas reman hacia el desnivel. No hay más objetivo en esta vida que la acción sin metas. Cuando llegas a la cima hay que bajar, y cuando llegas abajo hay que comenzar a subir. Nadie puso ahí las montañas para hacernos más fuertes. Sino para hacernos ver lo pequeños y débiles que somos, y aceptarlo.

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