jueves, 2 de noviembre de 2017
Tirar la sal
Tener el recuerdo falso en la yema de los dedos de haberte acariciado, despertar del sueño que me conforma y acurrucarme en un rincón de la conciencia. Entre latido y latido me olvido de esta vida, y el tiempo se congela en una sonrisa rota, sin dientes ni labios. Saber que no existe un nosotros, que el fuego se fue extinguiendo mientras pensábamos en llamar a los bomberos, y ahora reposamos en un campo yermo de ceniza y recuerdos. No siento enfado ni tristeza, solo anestesia recorriendo las circunvalaciones cerebrales, sobrepasando el límite de velocidad. Y un poco de sal en las heridas que recorren mi cuerpo como una bandera.
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